Desde 1995, construyendo una sociedad diversa y antirracista

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¿Alerta racista?

Alba Cuevas. Directora SOS Racisme. Publicado en el periodico.com

Estos días han coincidido varios hechos, nacionales e internacionales, que han situado el racismo en la agenda mediática. Nos referimos a los abusos o agresiones motivadas por el color de piel de la víctima, su etnia, cultura o religión; a la promoción de estas vulneraciones desde discursos mediáticos, o la justificación de las discriminaciones desde las leyes y administraciones. Y es importante tener en cuenta que cuando estos hechos son punibles por el Código Penal se consideran delitos de odio duramente sancionados, porque constituyen una amenaza para la cohesión de nuestra sociedad y para los pilares de nuestra democracia.

Que el racismo esté ocupando portadas e informativos no es algo habitual, y lo celebramos. Porque uno de los mayores peligros es la invisibilización de estas situaciones: si no señalamos y denunciamos el racismo no seremos capaces de erradicarlo. Si queremos que se haga una política pública que lo prevenga y condene hay que identificarlo y mostrar que es un grave problema que afecta a todo el mundo.

¿Vivimos hoy una situación de mayor alerta racista? No más que hace unos meses. Y no lo decimos para reducir la preocupación, todo lo contrario, sino para poner sobre la mesa que actos racistas como los que hemos conocido recientemente se dan a diario y desde hace tiempo. Que los conflictos entre vecinos y vecinas crecen desde hace años y cada vez son más violentos.

UN CONFLICTO CONSTANTE

En Catalunya, como en el resto de los países europeos, el racismo es hoy una de las principales formas de vulneración de los derechos humanos: en las fronteras externas, con el no cumplimiento del derecho de asilo, por ejemplo; y en las fronteras internas, con identificaciones policiales por perfil étnico, discriminación en el acceso a la salud o la vivienda…, y el racismo de las instituciones legitima el de la escalera de vecinos. Por lo tanto, el peligro de racismo existe, pero no es una novedad, es un conflicto constante y algo estructural. No lo podemos tratar como una alerta pasajer

Ante esta grave situación, ¿por qué no se condenan declaraciones o actuaciones que son claramente racistas, sean los insultos que recibió la joven de origen indio en un tren o la concejala musulmana de Badalona en la calle (entre otras situaciones que pasan desapercibidas). Tal vez porque tenemos graves carencias.

VOLUNTAD POLÍTICA

Por una parte, es precisa la voluntad política para llevar adelante inicitivas públicas de prevención y erradicación del racismo. Es imprescindible la protección efectiva de las personas que han sido víctimas de racismo ante el cuestionamiento público que se les hace, así como un tratamiento periodístico adecuado y ético de estas informaciones. Nos planteamos: ¿hay que dar voz a todo el mundo? ¿Daríamos voz al presunto agresor en un caso de violencia machista, por ejemplo? Y, por último, la contundencia en la respuesta contra el racismo: no podemos permitir que otras personas insulten o agredan a nadie sin reaccionar. Así como no podemos permitir que representantes públicos promuevan e inciten al odio y al racismo sin denunciarlo. Ponemos en grave peligro la construcción de una sociedad justa e igualitaria.

Debemos admirar y apoyar a las personas que estos días han tenido la valentía de denunciar públicamente el racismo sufrido, porque no es fácil. En el último informe sobre el racismo en Catalunya alertábamos que cuatro de cada 10 personas decidían no denunciar las discriminaciones por miedo o desconfianza en el sistema. A menudo el camino es largo y difícil, algunas veces tenemos que acudir incluso a instancias como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, como es el caso de algunos políticos racistas. Pero pensamos que en la defensa de los derechos humanos no podemos permitirnos desfallecer y hay que ser más beligerantes que nunca y denunciar cada agresión. Porque en cuestión de derechos, no hay vulneración pequeña.

 

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